Embajada 2001

Loa en prosa Al Embajador 2001 Emilio Ortuño Salar Y a su Buena Esposa

Los indios miden el tiempo por lunas, pero el hecho de que nuestro ínclito Embajador 01 esté aplastado, mejor dicho, cobijado, por la media luna, no quiere decir que sea un indio, al contrario está más en la línea de Willian Frederick Cody
(Búfalo Bill) por aquello de ser un prócer que ya cabalga (sinónimo de galopada) en un nuevo siglo. Sin embargo, está menos alineado con Toro Sentado, Toro Acostado, Toro Reclinado, Mano Roja, Mano Azul, Ojo de Lince, Ojo de Aguilucho, Pezuña de Pantera y demás fauna morfológica de la Tribu de Manitú.
Por supuesto que no es un indio, ni un indo, aunque a veces, los ciudadanos que le reporta su esposa, nos causa envidia al aparentar que lo lleva más lustroso que un Marahá.

Pero la pulcritud que lo adora, a veces, nos confunde, puesto que lo cristianiza, ya que se nos aparece en algunos actos, más bonito que un San Luis (creemos que Gonzaga). La dedicación de María Fernanda a Emilio, hace que en él veamos muchas veces, toda una dialéctica artística, más puro arte renacentista, cuando lo adereza y lo presenta hecho un pincel.
Lo cierto es que detrás del moro, hay una gran mujer: la Favorita María Fernanda Fátima Yahsmina Zoraida ben Gal-lud.
El problema radica en que él lo sabe y sabe que ella siempre tapará el hueco.
¡Oh Emilio! ¡Oh Emilio Ortuño Salar!: Nunca se había visto en la morería un sarraceno tan singular. Hablando es como un profeta, Mahoma, el de Alá. Andando tiene un aire, que nos presagia dulce vendaval. Riendo, presenta un rictus que denota socarronería y, cuando la sonrisa fluye a sus labios, tiembla la algarabía.
Arengando, arengando, arenga sin igual y piensa con sus dialécticas arengas derrotar a godo y austrohúngaros, franceses y afrancesados, a sirios y troyanos, birmanos, persas y cristianos.
¡Oh Emilio! ¡Oh Emilio Ortuño Salar!
Que paciencia y que paciente es tu esposa angelical. Con qué dulzura te trata, con qué mimo y sin razón. Será porque sabe que contigo no puede, será porque sabe que es duro tu soporte crancal.
¡Oh María Fernanda ¡Oh María Fernanda Gallud de Emilio Ortuño Salar! ¡Oh paciente mujer! ¡Oh sufridora sin par!.
Vaya faena que sería dos moros igual. Con ello ganarías doble cielo, sería doble resignación doble paciencia, doble planchado y lavado de calzón.
¡Oh María Fernanda!: Si Emilio fuera un moro con par, sería no un solo moro, sino dos, por ser un par, un moro más. Tu sufrimiento sería el doble, duplicadas tus atenciones, tus desvelos a la par. Mientras él, Emilio, el moro, se escudaría en decir que no yo he sido, que ha sido mi par.
Pero, aunque Emilio sea sin par, valen el triple, María Fernanda y el Embajador, os lo digo por Alá.

En el memorable año de la imprevisible Embajada Al-Mohábena 2001, de Emilio Ortuño, de su entrañable y fraternal amigo de toda la vida Antonio Luis GALIANO PÉREZ, deseándole que su Embajada sea este año y no al viene.